SUSANA MARTÍN
«El parto… Me da miedo morirme en el parto». Mientras a sus compañeros de clase les agobiaba el próximo examen de morfemas y lexemas, a Paula le aterraban las pesadillas de cada noche desde que el predictor se puso azul. Ni se le ocurrió pensar qué diría la gente, ni si le castigaría su madre. Recién cumplidos los 12 años, la brillante estudiante madrileña de 1º de ESO tardó en asumir lo que estaba pasando. «¿Seguro? ¿El test de embarazo nunca falla?», le preguntó entre lágrimas a la madre de la amiga que le acompañó en el trance. Y desde entonces, noche tras noche, con el secreto a cuestas, la misma pesadilla: un quirófano, hombres vestidos de verde y ella gritando por los terribles dolores de una tripa a punto de estallar. Hasta entonces, Paula no recuerda haber pensado nunca en la muerte. Ni en la suya ni en la de nadie. Días después abortó.
Un año más tarde, a unos 300 kilómetros de distancia y desde hace apenas unas semanas, otra pequeña pasa por un trago parecido en Ponferrada (León). M., de 11 años, no sale de casa y su padre daría cualquier cosa para protegerla del acoso informativo al que se ha visto sometida la familia sudamericana desde que se hizo público el embarazo de la menor.
Todo empezó el miércoles 17 de octubre. La niña se quejaba de la tripa, se encontraba mal. Entró en urgencias del hospital El Bierzo, muy cerca de la modesta vivienda donde vive, con un cuadro de náuseas y vómitos que terminó por delatar algo que quizá ella no había querido saber: «Avanzado estado de gestación».
Con la incredulidad del padre y de la compañera de éste, y un informe de los hechos para el juzgado, M. fue ingresada en la unidad de pediatría. La noticia se convirtió en la comidilla del personal sanitario del centro médico. «Parece un poco más mayor». «Ha dicho que nadie la agredió». «Es huérfana de madre… Pobrecita». A la familia -padre, madrastra y un hermano- la vida se le puso más cuesta arriba cuando cuatro días después del impacto desayunaron con la portada de un periódico leonés que nunca hubieran querido leer: «Una niña de 11 años embarazada está ingresada en Ponferrada».
Aunque insólitos, los casos de Paula y de M. no son únicos. Al contrario. Cada vez son más frecuentes en España, donde cada año se quedan embarazadas al menos 23.000 menores de edad, estima la ONG Save the children. El 80% de los casos se produce en el entorno cercano a la menor.
Paula, la alumna madrileña de Secundaria, se acostaba con «un par de amigos» de su pandilla. En cambio, la investigación sobre la paternidad del bebé que espera M. se centra en su familia. Serán las pruebas de ADN las que determinarán a qué familiar se atribuye la paternidad de la criatura que lleva en su seno la niña. «Duermo habitualmente con mi hermano», habría dicho ella. Pero hay que estudiar todas las opciones. Por si acaso.